Científicos estadounidenses y mexicanos despejan mitos sobre el Gran Tiburón Blanco.

 

Por Erick Falcón/Todos Santos

 

 

Escoger el nombre de una mascota solía ser fácil. Bastaba ver el color del pelaje. ¿Quién no tuvo en su infancia un perrito llamado ‘Canelo’, o una tía con un gato que se llamaba ‘Negro’?

¿Pero cómo llamar a mi Gran Tiburón Blanco?

No es broma. Por la módica cantidad de $1,000 dólares, un entusiasta fan de los escualos recibe el derecho de ‘bautizar’ uno de los tiburones de la Isla Guadalupe que identifica cada año el Marine Conservation Science Institute de San Diego (MSCI), una organización civil que realiza investigaciones en pro de la sustentabilidad de la vida marina en el Oceáno Pacífico.

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Foto: George Probst/ Todos los derechos reservados

Hay desde el popular ‘Bruce’, homónimo del tiburón de ‘Buscando a Nemo’, hasta el carismático ‘Chugey’, uno de los tiburones más populares de la isla, que gusta de aparecer cada año en la Semana del Tiburón de Discovery Channel desde su primer avistamiento en 2001.

Después de todo, no es fácil ni barato estudiar al tiburón blanco, y el MCSI se ha valido de la creatividad para financiar sus expediciones. ‘Chugey’ te agradecerá tus donativos de 25 a 100 dólares con una foto, certificado y un peluche, o incluso puedes rastrear a algunos de los tiburones de Guadalupe a través de la app oficial del MCSI para iPad e iPhone, Expedition White Shark.

Desde el estreno de ‘Jaws’ en 1975, los medios han exhibido al tiburón blanco como un depredador sin misericordia al acecho del ser humano, cuando en realidad es una especie de vital importancia biológica para los océanos cuyo manejo y conservación en México han sido complicados debido a lo poco que se conoce sobre su modo de vida.

No obstante, gracias a la colaboración de equipos científicos estadounidenses y mexicanos, cada vez hay más información sobre la biología del tiburón blanco, que permitirá llevar a una mejor conservación de esta especie en el país, aseguró el Dr. Oscar Sosa Nishizaki, del Centro de Investigación Científica y de educación Superior de Ensenada (CICESE).

A lo largo de casi dos décadas, varios equipos científicos liderados por investigadores como Nicole Nasby-Lucas, Michael Domeier, Mauricio Hoyos y el propio Sosa Nishizaki, entre otros, han realizado varios estudios sobre el tiburón blanco a lo largo de la península de Baja California e Isla Guadalupe, usando modernas técnicas como el análisis genético de los diversos grupos de tiburones, marcaje satelital y telemetría acústica para rastrear a los escualos en tiempo real,  lo cual ha dado nuevas pistas sobre el comportamiento de este depredador.

Sus resultados son sorprendentes, y han revelado que el magnífico depredador marino está más íntimamente ligado a la península de Baja California de lo que se pensaba.

“El tiburón blanco es una de las especies más conocidas y mitificadas del mundo, pero se desconoce mucho sobre ella, y eso provoca que cualquier intento de manejo en términos de conservación o pesca pueda no ser suficiente si no logramos entender a este animal,” señaló Erick Oñate González, estudiante del Dr. Sosa en CICESE que ha dedicado gran parte de su trabajo a estudiar al tiburón blanco.

 

Un depredador incomprendido

 

Antes de emitir alertas innecesarias, es necesario despejar algunos mitos. Las probabilidades de encontrarse en combate frente a frente con el formidable tiburón blanco son tan risibles que es 3.7 millones de veces más probable morir electrocutado por un rayo durante una tormenta que servir como cena de este escualo, asegura Nat Geo Wild.

De hecho, cada año mueren al menos 100 millones de tiburones capturados por la acción de embarcaciones pesqueras, contra un estimado de 13 ataques fatales registrados contra seres humanos. Es claro cuál especie es la que debería de tener más miedo.

Gracias a más de dos décadas de estudiar esta especie con técnicas modernas como telemetría acústica, marcaje satelital y análisis genéticos, cada vez el tiburón blanco le gana terreno a la extinción, al convertirse en un animal apreciado más en estado salvaje que en las terribles sopas de aleta de tiburón chinas, causa principal de la caza indiscriminada de escualos durante muchos años.

Hoy en día, el valor de la pesca comercial global de tiburón representa 630 millones de dólares (MDD) anualmente, y está en franco declive, mientras que el ecoturismo relacionado con los escualos genera 314 MDD cada año, pero esa figura podría duplicarse en menos de 20 años, asegura un estudio de la institución canadiense University of British Columbia.

“Los tiburones maduran muy lentamente y producen pocas crías. La protección de los tiburones vivos a través de áreas protegidas podría ser mucho más benéfico en términos económicos además de ayudar a la recuperación de las especies,” considera Rashid Sumaila, uno de los autores del estudio.

Si se aprovecha ese contexto sabiamente, podría significar una mejor conservación y manejo de Isla Guadalupe, una zona natural de inmensa importancia biológica protegida por el gobierno mexicano hasta hace pocos años, gracias en parte a conservacionistas, funcionarios y científicos apasionados.

 

 

Filopatría: los tiburones blancos de BC son una población única

 

Aunque los tiburones blancos (Carcharodon carcharis) se encuentran en todos los mares del mundo y suelen desplazarse a lo largo de grandes distancias, investigaciones recientes sugieren que este pez cartilaginoso tiende a regresar a su lugar de origen por motivos aún desconocidos, quizá ligados a un proceso de crianza o apareamiento.

A esto se le conoce como filopatría, uno de los conceptos más novedoso en la búsqueda para entender el comportamiento del depredador más grande de los océanos.

En esta región del Pacífico existen dos grupos de tiburones blancos, o agregaciones, como les nombran los biólogos: Isla Guadalupe, que se encuentra a 241 km de las costas del Municipio de Ensenada, e Islas Farallón, localizada a unos 43 km de las costas de San Francisco.

En un estudio clave publicado en 2010, un equipo de investigadores estadounidenses liderados por Salvador Jorgensen reveló que los patrones migratorios e información genética de los tiburones blancos afiliados a la población del noroeste del Pacífico, cerca a costas californianas, sugieren que esta especie mantiene nexos con su lugar de origen y tiene un patrón de vida que se liga social y geográficamente con esta región.

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Foto: INFOWAY

Ello permite suponer que estos tiburones son poblaciones únicas y genéticamente distintas a aquellas que se encuentran en Australia y Nueva Zelanda, Sudáfrica y otras regiones. Sin embargo, hacía falta más información sobre las poblaciones de tiburones en el Pacífico mexicano

“Nosotros hemos trabajado en completar las piezas del rompecabezas, y nuestros estudios sugieren que aunque los tiburones del Pacífico Noreste y los de Isla Guadalupe comparten puntos de interés oceánicos, su información genética sugiere que también son poblaciones distintas,” menciona Eric Oñate, tras explicar los alcances de sus tesis de doctorado.

Los estudios existentes se hicieron con ADN mitocondrial, una herencia genética que sólo puede ser compartida por la madre de la cría, “pero estamos trabajando en un análisis de ADN nuclear que nos pudiese dar a entender más información sobre el origen de ambos padres de una cría.” Los resultados preliminares sugieren que es más probable que las crías de tiburón blanco que se acercan a las costas de Baja California están más relacionadas con la Isla Guadalupe que con la agregación de las Islas Farallón.

Una de las claves para entender el rompecabezas del tiburón blanco es conocer su ‘vida amorosa’. Ahora se sabe que los tiburones de ambas poblaciones suelen desplazarse hacia la misma zona oceánica- una región en el Pacífico al que le llaman ‘SOFA’- y después de un tiempo, los escualos regresan a su lugar de origen.

Anteriormente se pensaba que la zona del ‘SOFA’ oceánico era el punto de encuentro para el apareamiento de los tiburones, pero tras diversos estudios de varios investigadores estadounidenses, se sabe que no siempre los machos y hembras comparten esa zona.

Una investigación reciente de los doctores Michael Domeier y Nicole Nasby Lucas ha revelado que las hembras de tiburón blanco siguen un patrón migratorio de dos años relacionado con el proceso de apareamiento y gestación.

Luego de buscar pareja en el litoral de la isla, las hembras preñadas permanecen la mayor parte de los 18 meses de gestación en mar abierto, para después viajar a las costas de la Bahía de Vizcaíno en Baja California para dar a luz, tras lo cual regresan a Guadalupe cuando están listas para reproducirse.

No obstante, este proceso es muy lento. Su madurez sexual tarda hasta 10 años, su fecundidad es muy baja y por si fuera poco, su periodo de gestación dura más de un año. Esto ha provocado que el tiburón blanco sea considerado como una especie protegida en estado de vulnerabilidad por las leyes mexicanas y por organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Un estudio de CICESE estimó que la población total de tiburones blancos en Isla Guadalupe es de 113 individuos, mientras que en las Islas Farallón existe una agregación estimada en 219 ejemplares, según determinó otro equipo de investigadores estadunidenses dado a conocer hace dos años.

La cifra ha sido controversial dado lo reducido del número de ejemplares detectados en ambas zonas, pero el doctor Oscar Sosa afirmó que es prematuro aún hablar sobre una especie en peligro de extinción dado que éstos son apenas los primeros conteos documentados que se hace de la población de tiburones blancos.

“Hay que evitar malinterpretar la información que se ha obtenido… ¿Cómo se puede hablar de que el tiburón está en peligro si esto es una primera estimación? Necesitamos estudiar si esto es una tendencia que va hacia abajo o hacia arriba,” afirma Sosa.

 

 

Baja California: ‘cunero’ del rey de los mares

 

Desde su nacimiento hasta la profundidad y distancias que cubre para cazar, la historia de vida del tiburón blanco apenas comienza a ser entendida, pero los estudios confirman que esta especie es pieza fundamental del ecosistema marino del mar que rodea a la península de Baja California.

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Foto: Agencias

Para entender el concepto del tiburón hay que diferenciar sus tres etapas de vida: las crías de tiburón blanco son aquellas que no rebasan una talla mayor a 1.75 metros, y los tiburones blancos considerados como juveniles tienen una talla entre 1.7 a 3 metros de longitud. Los tiburones adultos, en particular las hembras, pueden alcanzar tallas de entre 4 a 6 metros.

Los resultados de la investigación del Dr. Mauricio Hoyos, del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del IPN (CICIMAR), con sede en La Paz, han permitido conocer más sobre los patrones de movimiento y profundidad de nado de los tiburones. El Dr. Hoyos ha estudiado el comportamiento de los tiburones blancos en la Isla Guadalupe mediante el uso de telemetría acústica, que consiste en el uso transmisores ultrasónicos que  permiten seguir vía satélite los movimientos de los tiburones.

El tiburón blanco se mueve a lo largo y hacia afuera de las costas de México y Estados Unidos: mientras que las crías y los juveniles se mantienen cerca de las aguas templadas de las costas, sólo los ejemplares adultos se aventuran en aguas oceánicas.

De acuerdo con un estudio del Dr. Hoyos publicado en 2009, los tiburones juveniles permanecen cerca de la costa todo el día, mientras que la capacidad de los adultos de mantener una temperatura fisiológica óptima para operar les permite alejarse de las costas para buscar presas.

Este comportamiento de los tiburones más jóvenes coincide con las observaciones que ha hecho el CICESE sobre los patrones de movimiento de los escualos alrededor de las costas de la península de Baja California, como lo sugieren registros de capturas incidentales de tiburones blancos recién nacidos en Bahía de Vizcaíno y la bahía del sur de California.

Ello ha llevado a los investigadores a creer en la existencia de varias zonas de crianza de tiburones blancos en las costas de la Península, pero sobre todo en Bahía Vizcaíno, lo cual ha abierto la puerta para una comprensión más profunda de la presencia del tiburón blanco.

Entre 1999 y 2010, investigadores de CICESE documentaron 111 capturas incidentales de tiburones blancos jóvenes durante diversos sondeos de distintas zonas pesqueras a lo largo de toda la península de Baja California, de los cuales casi el 80 por ciento fueron crías menores a un año, particularmente por la técnica de redes agalleras de fondo en puntos como Laguna Manuela, Popotla, Eréndira y otros campos pesqueros.

En un artículo reciente realizado por Omar Santana, Óscar Sosa-Nishizaki, Miguel Escobedo, John O’Sullivan, Daniel Cartamil y el propio Eric Oñate, se determinó que la presencia de ejemplares juveniles a lo largo de la península sugiere que existen posibles zonas de crianza del tiburón blanco, en particular en la región de Bahía Vizcaíno, aunque aún no se conoce el punto de apareamiento de los tiburones blancos.

A diferencia de las crías, en el Golfo de California se han detectado un mayor número de tiburones de talla juvenil, donde se alimentan principalmente de peces pequeños a medianos y crustáceos. Esto ha llevado a los científicos a opinar que es necesario estudiar esa conectividad entre los tiburones blancos de las aguas del Pacífico con el fin de mejorar los esfuerzos de conservación.

“Una vez que tengamos información más precisa sobre los hábitos de vida del tiburón blanco, podremos aplicar programas de conservación y estrategias más enfocadas a preservar las áreas importantes para esta especie de tal forma que nuestros recursos limitados sean usados más eficientemente,” afirmó Oñate.

 

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http://es.scribd.com/doc/233570310/Efalcon-El-Gran-Patriota

 

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Editor-in-chief

Ciudad Juárez (1982). Periodista fronterizo y propulsor del periodismo de empatía social. Ha escrito sobre ciencia, ecología, food & wine y personajes fuera de serie para periódicos y revistas como Día Siete, COSMOS, Expansión, El Diario de Juárez, Frontera y otros. Su trabajo en el periodismo ambiental y científico le ha valido el Premio Nacional de Periodismo Científico de Conacyt en 2010 y ser considerado uno de los 5 finalistas mundiales del IUCN-Reuters Awards for Excellence in Environmental Journalism, ganador de la región Latinoamérica y el Caribe. Fundador y director de la revista Todos Santos desde 2012.

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