Nuestra postura editorial en nuestra nueva etapa de reseñas culinarias.

 

Por Erick Falcón/Todos Santos

 

En pocas ciudades del país existe un movimiento gastronómico tan importante como en Ensenada, y eso comienza a reflejarse en todos los niveles de la identidad culinaria de la ciudad, y en el caso del punto que tocamos en esta editorial, de la cocina urbana ensenadense.

Los reflectores gastronómicos están por el momento en el auge de los denominados colectivos gastronómicos, espacios de convivencia de diversas propuestas de cocina urbana con características que los hacen únicos, y que viven una etapa de esplendor desde hace poco más de un año, cuando se fundó El Callejón, aunque el primer colectivo propiamente dicho fue Viento, ubicado en el desarrollo del mismo nombre.

El éxito y aceptación de los ensenadenses a esta moda ha sido tal que en 12 meses han surgido ni más ni menos que 11 colectivos, que en conjunto suman fácilmente más de 70 propuestas de cocina:  algunas tradicionales, otras muy innovadoras.

Dependiendo del enfoque del comensal,  el más negativo puede pensar que los colectivos pueden ser una excusa mercadológica para encarecer productos tradicionales con etiquetas tan pretenciosas como ’boutique’ o ‘artesanal’, de las que hasta cierto punto coincidimos que se ha abusado, puesto que se carece de una metolología con la que se pueda clasificar adecuadamente las propuestas culinarias de cada quien en base a méritos, y no por el intento de cobrar más de la cuenta por ser ‘una cocina nice’. 

No obstante, nos alegra mucho la democratización de la gastronomía urbana ensenadense, más allá del monopolio de los tacos, ceviche y hot dogs, que evidenciaban la falta de innovación culinaria prevalente desde hace tiempo.

Nos alegra mucho que surjan nuevas propuestas cada mes: ello es no sólo síntoma de una tendencia por emprender y hacer frente creativamente a la crisis económica más grave en varias décadas, sino una oportunidad de apuntalar a Ensenada como un destino gastronómico de gran interés, y no sólo el Valle de Guadalupe y Ruta del Vino, y así atraer también más turismo de mejor nivel y democratizar la derrama económica en la ciudad, destinada en su mayoría a unos cuantos grandes actores monopólicos del sector.

Nuestras reseñas y críticas para todos los actores gastronómicos prometen ser constructivas y propositivas: no favoreceremos a nadie, ni nos tomamos personal el asunto atacando sin lógica. Nuestros indicadores serán simples:  atención al cliente, calidad, ambiente, higiene y relación precio/calidad, y no por que en un momento no nos haya agradado a nosotros sus productos debe haber fatalismo o el fin del mundo: todo se puede mejorar e innovar.

 

 

 

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