Por Erick Falcón | Especial para Guía de la Industria Cervecera Independientewww.gici.mx

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La manía de hacer anotaciones le comenzó a Nathaniel Schmidt  durante el invierno de 2007: apenas en sus bodas de algodón con la cerveza artesanal, había cocinado la  receta de una Winter Ale ideal para disfrazar el número de pintas que le contaba su suegra en las fiestas decembrinas.  El único problema fue que se bebió toda la receta sin dejar notas escritas; pasarían cinco años de experimentar antes de poder recrear de nuevo esa bebida, que se convirtió en la mítica Erizo, la cerveza navideña de Cervecería Aguamala.

    Esa es apenas una de muchas historias de los últimos 15 años que Schmidt tiene bajo la manga. Pero han valido para que Aguamala pueda celebrar el haber capeado los temporales que vienen con el nacimiento de una industria: desde conseguir la aceptación de un mercado acostumbrado al sabor  ligeramente almidonado, acuoso y rebajado de la Big Beer hasta incrementar su producción y presencia en México con todo y el reto de la pandemia del Covid-19, Aguamala se ha consolidado como una de las mejores cerveceras independientes del país.

Con una amplia selección de cervezas de línea que han ganado múltiples medallas en eventos cerveceros nacionales e internacionales, un tasting room que es destino obligado para todo amante de la cerveza artesanal mexicana y una nueva aventura con la elaboración de cervezas experimentales, Aguamala continúa explorando nuevos rumbos en la industria cervecera artesanal.

Ganadora del reconocimiento a la Mejor Cervecería del Año en la pasada Copa Cervecera del Pacífico 2020, Cervecería Aguamala ha perseguido durante años una misión personal de sumergirse en terrenos desconocidos en pos de… nuevas especies cerveceras, podríamos decir.

Un ‘Costeau’ del movimiento cervecero independiente mexicano, la identidad de Cervecería Aguamala está inequívocamente ligada al mar, a Ensenada, a su cultura pesquera, a su biodiversidad marina y a una constante experimentación con ingredientes inspirados por estos elementos. De ahí lo del ‘Sumérgete y Explora’ de sus etiquetas: basta recordar que estamos hablando de la cervecería que hace desde una Extra Stout Belga con ostiones y tinta de calamar hasta  cervezas añejadas en barricas por mero amor a la investigación.

También hay que mencionar que ese mismo espíritu intrépido, desordenado y entrón es el que le llevó a ser una de las primeras cervecerías artesanales mexicanas que ganaron una medalla en el World Beer Cup, reconocimiento que le llevaría a destacar una de las cervecerías artesanales de más prestigio en México.

Una marea de éxitos

Fundada en Ensenada, Baja California en septiembre de 2005, Aguamala fue el resultado de la pasión del biólogo marino Nathaniel Schmidt, su esposa Ashley y su socio Tomás Fernández por el mar, la biodiversidad marina, la ciencia… y la cerveza artesanal, por supuesto.

La historia comienza como cuento de hadas cervecero:  Ashley y Nathaniel estrenan un kit casero con el que preparan la receta de una Amber Ale  que presentarían posteriormente en reuniones con amigos. Muchos ‘batches’ y una lectura detenida de ‘How To Brew’, del legendario John Palmer, la receta de esa cerveza se refinaría hasta convertirse eventualmente en Marea Roja, la primer cerveza de línea que lanzó Aguamala, conocida por su color ámbar intenso y sus notas a miel, durazno  y manzana.

“En ese año hubo un fenómeno oceánico llamado marea roja, que se presentaba en esa época desde San Diego hasta la bahía de San Quintín al sur de Ensenada, y notamos que el color de la cerveza era muy similar al de dicho fenómeno, y de ahí surgió la inspiración para nombrar a nuestra Marea Roja.”

El hobby comenzó a crecer de tal forma que la producción tuvo que mudar las ollas de la cocina de Ashley a unas instalaciones de enfermería en desuso dentro del astillero propiedad de Fernández en el puerto de Ensenada. Una vez que se corrió el rumor de lo que se cocinaba en la vieja enfermería, súbitamente todos los miembros del staff acudían durante las tardes en búsqueda de alguna ‘refacción perdida’, y de paso quedarse a probar las creaciones cerveceras; fue así como se bautizó Astillero a su cerveza más representativa.

En poco más de cinco años la producción de Aguamala pasó del batch inicial de 700 litros a más de 60,000 litros anuales, y para 2011 había mudado su producción a su sede de los contenedores en el poblado El Sauzal. Poco después, la cervecería adoptaría su identidad comercial definitiva de la mano de la diseñadora gráfica Ixchel True, además de hacer su primer cerveza en colaboración con el chef Drew Deckman, que tendría a su cargo el menú de la cocina de Aguamala posteriormente.

      Pero el 2014 fue un año que marcó un parteaguas en la historia de Aguamala, con la obtención de su primer medalla a nivel internacional. La oportunidad de participar en el World Beer Cup surgió un día que una chica estadounidense se ofreció a cruzar la cerveza a EUA para ayudarlos a cumplir esa meta. Una vez con el producto en mano en suelo norteamericano, un amigo brewer aconsejó a Nathaniel enviar su cerveza a concurso con la cervecería local Lost Abbey, que estaba enviando todas las muestras de cerveceros de San Diego; así se logró la participación histórica en el World Beer Cup y la primer medalla de una cervecería de Baja California en dicho evento.

 

Una evolución natural

A la evolución natural de Aguamala le siguieron la expansión de sus numerosas cervezas de línea y colaboraciones, la apertura de su tasting room en 2015, la creación de su primer cerveza de barrica, Farmhouse Ale, bajo el cuidado riguroso de su head brewer, Alfredo Viloria, y el crecimiento de su producción anual hasta 760,563 pintas en 2019.

Hoy en día, Cervecería Aguamala continúa apostando por explorar nuevas líneas y celebra su 15º aniversario con el lanzamiento de una edición especial de Astillero y la nueva Flanders Red Ale, añejada en 10 barricas de diferentes levaduras durante 24 meses, que promete ser un treat para los conocedores.

La cervecería continúa experimentando con nuevos estilos que puedes degustar en su tasting room en El Sauzal, y la consigna para 2020 es de aumentar la producción a más de 60 bbls para llegar a producir más de un millón de pintas anuales, con lo que seguramente hay mucho que esperar aún de este orgullo de la cerveza artesanal independiente mexicana.