En 1888 se fundó Bodegas de Santo Tomás, la primer bodega de vino comercial de Baja California y de México, pionera de la industria vinícola contemporánea que hoy en día goza de una creciente proyección nacional e internacional, un camino en donde todavía hay mucho por recorrer, sostiene Santiago Cosío Pando, director general de la empresa.

 

Por Erick Falcón | Todos Santos

*Agradecemos la colaboración especial del Proyecto de Investigación Historia de Bodegas de Santo Tomás S.A. de C.V., bajo la coordinación del Centro Cultural Santo Tomás.     ** Imágenes de archivo: Cortesía Colección Santo Tomás

 

Corre el año de 1888, y se escucha el jolgorio diurno de voceadores, comerciantes y transeúntes que observan las novedades del General Merchandise, el almacén de Francisco Andonaegui y Miguel Ormart, donde trabajadores descargan una carreta llena de calzado, herramienta, provisiones para minería y unas cuantas jabas de vino del rancho Los Dolores.

Estamos en pleno esplendor del Porfiriato, y el otrora solitario Rancho Ensenada de Todos Santos vive una época de intensa actividad, luego de ser designado cabecera del Partido Norte del territorio de Baja California por el gobierno del general Porfirio Díaz. El antiguo rancho se desarrolla rápidamente, y en meses surgen calles, telégrafos, viviendas, comercio y servicios públicos.

Y es en este escenario donde Andonaegui y Ormart se suman a esta era de oportunidad, ofreciendo líneas de crédito para adquirir mercancías, que los habitantes de la región, cuando no contaban con el efectivo necesario, pagaban con frijol, maíz y otros productos.

Andonaegui y Ormart no sólo son parte de la historia de Santo Tomás, sino de Ensenada. Ellos fueron los primeros en traer agua potable y una planta eléctrica a la ciudad, además de marcar el inicio de la banca en esta región y fundar la CANACO, dijo la Dra. Ana Angulo Ormart, sobrina-nieta de uno de los fundadores de Bodegas de Santo Tomás.

Es aquí, en esta época porfiriana de industrialización y desarrollo, donde se sientan las raíces de Bodegas de Santo Tomás, y con ella la era moderna de la vitivinicultura de Baja California y de México.

A lo largo de 130 años, Bodegas de Santo Tomás se ha reinventado múltiples veces bajo la visión de sus distintos propietarios, pero la innovación enológica ha sido parte de su filosofía empresarial desde siempre; desde embotellar comercialmente por primera vez un vino mexicano en 1939 hasta su modernización con los primeros tanques de acero inoxidable para la fermentación o el uso de barricas pequeñas de roble francés para añejar sus vinos, Bodegas de Santo Tomás ha sido pionera en adoptar la tecnología de vinificación más vanguardista en México a través de su historia.

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Infografía: Falcao Communications

Dos visionarios, una oportunidad única

Ya se sabía que los misioneros españoles trajeron las primeras vides a la península, pero no todo terminó con el abandono de las misiones. Algunos pobladores de la zona continuaron produciendo vino para consumo propio o trueque, como don Loreto Amador, un terrateniente de la zona que había adquirido las tierras de la antigua Misión de Santo Tomás.

Don Loreto fue cliente del almacén de Andonaegui y Ormart durante muchos años, y en ocasiones pagaba las cuentas en especie con el vino de uva Misión que producía en su propiedad desde hacía décadas, relación comercial que duró hasta la muerte de don Loreto en 1887. Un año después, en 1888, su viuda se vio en la necesidad de venderles el rancho para saldar un adeudo pendiente. Fue así como los socios inician con la comercialización del vino a gran escala y se gesta el nacimiento de
Bodegas de Santo Tomás.

Con el fin de encargarse de la vinificación, los fundadores trajeron a un familiar, Juan José Ormart Iturburúa, quien se hace cargo del rancho y la producción durante 30 años, periodo en el que introducen 14,000 sarmientos de uva Zinfandel y 800 árboles frutales, a los que se sumaron posteriormente otras uvas como Moscatel, Rosa del Perú y Palomino, algunos de los primeros varietales que la empresa comercializó a principios del siglo XX.

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1931: el impulso del General Abelardo L. Rodríguez

En 1931, Francisco Andonaegui vendió el rancho Los Dolores al general Abelardo L. Rodríguez, en aquel entonces gobernador del territorio de Baja California, quien detonó la industrialización del vino de la empresa.

A principios de la década de los años 30, el general Rodríguez trajo a Ensenada al italiano Esteban Ferro, el primer enólogo de Bodegas de Santo Tomás, quien trasladó todo el proceso enológico a las instalaciones de la calle Miramar en Ensenada.

En aquella época se producía aún vino de variedades Nebbiolo y Barbera para venta a granel, lo que limitaba su periodo de vida, por lo que la empresa decide embotellar su vino en 1939, siendo la primera vez que se embotella vino mexicano. Dado que el general y Ferro eran los únicos socios del negocio, no se contaba con una inversión de capital en efectivo, por lo que el enólogo hipotecó el rancho para conseguir préstamos bancarios y así poder impulsar el desarrollo de la vinícola.

Ferro logró incrementar la producción de vino de 100 mil litros en 1932 hasta más de 685 mil en 1937, y dotó de asesoría técnica y financiamiento a la comunidad de rusos molokanes recién establecida en el Valle de Guadalupe con el fin de asegurar los cultivos de uva necesarios para incrementar la producción de Bodegas de Santo Tomás hasta 2.8 millones de litros en 1944. También en esa década surgieron los calendarios de los frailes de Santo Tomás, un ícono publicitario de la época que marcó la primer imagen promocional de la Bodega.

Al vino se agregaron otras bebidas alcohólicas como vermut, champán, oporto, jerez seco y aguardiente de uva. Su distribución del puerto de Ensenada con destino a la Ciudad de México se realizó mediante el uso de los barcos del general Rodríguez, lo que ayudó a cimentar la difusión del vino bajacaliforniano a nivel nacional.

 

Infografía: Falcao Communications

 

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1962: la modernización de Don Elías Pando

En 1962, el general Abelardo L. Rodríguez vende Bodegas de Santo Tomás a don Elías Pando Pendás, quien había sido su socio por varios años en otras empresas del giro pesquero e inicia una nueva fase en la historia de la vinícola.

El primer paso de don Elías fue contratar al enólogo Dimitri Tchelitcheff, hijo del legendario enólogo André Tchelitcheff, gran figura del crecimiento enológico del Valle de Napa en California, quien se hace cargo de la producción e introduce nuevas variedades como Chardonnay, Pinot Noir y Cabernet Sauvignon, además de implementar nuevas tecnologías, como los tanques de acero inoxidable y barricas de roble para añejamiento.

En esta época también surge el concepto del varietal: antaño los vinos eran nombrados siguiendo el estilo europeo – vino estilo Burdeos, Borgoña, etc. – pero al establecerse las denominaciones de origen en ese continente, el Nuevo Mundo se ve precisado a buscar la forma en que los nombrará. Bodegas de Santo Tomás propone nombrarlos por la uva que les da vida, privilegiando el origen ampelográfico por encima del regional.

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El legado de Don Antonio Cosío y el nuevo milenio

Después de un gran impulso a la industrialización del vino Don Elías Pando, en 1988, vende la empresa a su yerno, Ing. Antonio Cosío Ariño, y con él se escribe otra etapa de cambio para Bodegas de Santo Tomás.

Ese mismo año se incorpora como enólogo Hugo D’Acosta López, quien tiene como objetivo desarrollar un proyecto claro de enología con personalidad mexicana. En ese marco estratégico, la producción del vino regresa de Ensenada a su lugar de origen en el Valle de Santo Tomás. La nueva instalación de forma circular y gravitacional representa el primer proyecto arquitectónico enológico en América, inaugurado en 1995.

En este período se reduce la producción de forma drástica de 300 mil a 30 mil cajas, con la premisa de producir vinos de la más alta calidad, como la línea Premium con DUETTO que en sus primeros tres años se crea como proyecto binacional con la vinícola Wente Vineyards en California. También en ésta época se consolida una de las líneas más emblemáticas para Bodegas de Santo Tomás: la línea “Varietales”, con una etiqueta sobria y elegante que es reconocida a nivel local, nacional e internacional.

Para inicios del nuevo milenio, Santiago Cosío Pando continúa el legado de la familia dentro de Bodegas de Santo Tomás, dando el impulso de la nueva generación, de la mano de la experiencia de Laura Zamora en la elaboración de los vinos y de Antonio Baro en el cuidado de las vides. En este contexto se obtienen reconocimientos a nivel internacional, posicionando la marca con 12 líneas de producción y 57 etiquetas ante la inminente globalización del mercado, lo que logra un crecimiento anual de dos dígitos en el mercado nacional.

“La estrategia de Bodegas de Santo Tomás ha sido la de apuntalar su portafolio de vinos con aquellas etiquetas que tienen una mejor aceptación, en particular con un sector de consumidores más jóvenes,” señaló su director general.

 

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El compromiso social

Para Santiago, la apuesta por el enoturismo, por la experiencia personal del visitante en bodega, ha sido crucial para lograr esa pasión creciente del consumidor nacional por el vino mexicano.
Pero esa apuesta no se limita solamente a lo económico: igual importancia tiene el compromiso social que la empresa ha desarrollado a lo largo de los años, a partir de que se auto define como un
organismo vivo que juega un papel trascendente en la construcción del bienestar social.

En ese sentido, uno de sus logros ha sido la creación del Centro Cultural Santo Tomás, que se ha convertido en un referente para la promoción, difusión desarrollo de las artes en Ensenada y su región. A ello se suma el proyecto de la Plaza Santo Tomás en la calle Miramar, donde están planeados espacios para la convivencia, para la gastronomía, la exposición y comercialización de productos regionales, además de actividades artísticas y eventos de socialización.

También destaca la creación del Museo del Vino, que recogerá y expondrá la historia de Santo Tomás y la región, y la creación de la Escuela de Vinicultura, que pretende poner al alcance de todos los interesados la información necesaria para que la cultura del hacer vino se difunda y se conozca en toda su riqueza y profundidad.

“Estamos celebrando no sólo a una empresa que produce buenos vinos, sino a una organización icónica de la vitivinicultura mexicana, que nos permite afirmar que Bodegas de Santo Tomás es Ensenada y Ensenada es Bodegas de Santo Tomás,” destacó Cosío Pando.