La verdadera historia del cultivo de abulón en Baja California.

Por Erick Falcón/Todos Santos

Fotos: E. Falcón

 

   Desde una ventana semiabierta en un antiguo almacén que sirve como dormitorio, cocina, oficina, sala de juntas y santuario de meditación, la mirada ansiosa de Benito Altamira inspecciona las brechas de terracería del ejido Eréndira en búsqueda de un vehículo que debió haber llegado hace media hora.

12   Aquí me quedo yo a veces cuando el tiempo es malo o se hace muy tarde y hay que revisar la producción. Tómate tu tiempo, aquí hay papel de la impresora que puedes usar. En cuanto llegue mi coordinador técnico podemos empezar.

   El carisma de la mañana hace que el mar luzca brillante en noviembre. El rancho de la empresa Abulones Cultivados se encuentra casi al fondo del solitario poblado de Eréndira, a poco menos de una hora al sur de Ensenada. Hace más de 20 años solía ser un laboratorio de investigación pesquera propiedad del gobierno federal, pero la iniciativa de los oceanólogos que iniciaron este corporativo logró que se hiciera un convenio para intentar desarrollar tecnología de cultivo de abulón a cambio de que se compartiera la producción de semilla con otras empresas.

   A más de dos décadas de aquel innovador proyecto científico pionero en el país, Abulones Cultivados creó una producción sustentable del abulón rojo (haliotis rufescens) que ha generado ganancias cuantiosas y generación de empleos para Baja California gracias a la exportación del univalvo a Asia y Estados Unidos.

   ¿Sabías que la primer concesión de cosecha de abulón en México se la otorgó el gobierno de Porfirio Díaz al gobierno de Japón a finales del siglo XIX? El negocio del abulón en México comenzó gracias a los japoneses, pero hoy en día hemos logrado desarrollar conocimiento propio que nos permite continuar aprovechando la especie en una forma sustentable. Para esto es el recorrido, para que las nuevas generaciones conozcan por qué esto es tan importante, señala Benito, mientras se reacomoda su icónica fedora en mezcla de yute con cinta de rayas.

   Aunque el comercio del abulón bajacaliforniano data de la época porfirista, su cultivo controlado en tierra era algo impensable hasta hace poco. Entre 1989 y 1998 se intentaba hacer con grandes riesgos e inversiones en la isla Todos Santos,  a unos kilómetros en altamar de la ciudad de Ensenada, pero los fenómenos climáticos de El Niño/La Niña arruinaron todo intento de continuar esta faena, según cita un reportaje publicado en el sitio ensenada.net en 2011.

Pero el esfuerzo de la compañía pagó sus dividendos, y hoy en día, Abulones Cultivados es la empresa pionera del cultivo comercial de este molusco en Baja California, y ha logrado cimentarse como una de las principales empresas productoras de cultivo de abulón rojo a nivel nacional e internacional, con una producción anual considerable, de la cual más del 60% se exporta a Asia.

No te extrañará que las esposas de los pescadores japoneses insistían mucho en preparar platillos a base de abulón cuando lo tenían a la mano. Y también está el simbolismo de su resistencia, menciona Altamira.

   En el mar, los huevos fecundados de los abulones pueden durar días flotando hasta la superficie, y aunque la tasa de fertilidad llega a ser del 70%, sólo entre 3% al 6% logra sobrevivir a la fecundación. Es uno de los ciclos de reproducción más complicados y sofisticados en el ambiente acuático. Y no está de más anotar que además de su delicado sabor, el abulón, particularmente el cosechado en la península de Baja California, tiene un simbolismo muy benéfico: tener latas de abulón en la alacena durante uno o dos años es señal de abundancia y prosperidad.

   Sin embargo, ni el fértil ‘dios marino del amor’ pudo contra la sobreexplotación del abulón en las décadas de 1980 y 1990, que provocó una casi extinción del abulón negro y blanco en las costas de Baja California. No obstante, en las condiciones de cultivo acuícola que han generado los investigadores de Abulones Cultivados, la ausencia de depredadores y patógenos, una temperatura constante y una provisión de alimentos continua resultan en una producción controlada que alcanza hasta 30 toneladas de abulón por año.

   Más que un complejo de alta tecnología, la producción acuícola de abulón es artística a tal grado que se le puede comparar con el cine de autor: luce incomprensible e impenetrable para las masas, con un grado de complejidad que sólo el iniciado puede apreciar. Pero eso no detuvo a los jóvenes oceanólogos Roberto Flores Aguilar, Juan Carlos Vivanco Ocampo y Juan Carlos Navarro, quienes presentaron un proyecto de inversión en 1990 al Consejo de Administración de la empresa Productos del Pacífico, S.A., que era concesionaria de la cosecha de sargazo gigante.

   Así se fundó Abulones Cultivados con la participación de cinco accionistas y la presidencia de Ignacio Guajardo en aquel entonces. La empresa obtuvo concesiones para el cultivo marino en la Isla Todos Santos y se le facilitó un centro de investigación pesquera en el ejido Eréndira que había caído en desuso, con el fin de que se desarrollara la tecnología de producción de larvas y semillas, a cambio de que se hicie- sen inversiones y se capacitaran técnicos en la producción de esta incipiente tecnología, lo cual se sigue haciendo hasta el día de hoy.

   Todos los técnicos, supervisores y obreros que han pasado por la empresa nos han dejado algo, un pequeño detalle aquí o allá, que contribuyó en su momento a que hoy estemos cosechando y preparando más futuro. También debemos reconocer el valor de los accionistas que tienen fe en el proyecto y continúan aportando, así como a quienes ya no pudieron seguir, al llegar al límite de sus posibilidades y generosidad.

 

La ciencia del abulón  

   En 1998, los técnicos de Abulones Cultivados identificaron a ejemplares conocidos como ‘rápidos crecedores’ y experimentaron en diversas etapas para reproducir animales nacidos en cautiverio bajo condiciones de repro- ducción controlada. La clave fue controlar tres factores:  temperatura, ausencia de patógenos y una dieta a base de diatomeas y un alga específica, manjar de este animal: macrocystis.

   En el laboratorio están docenas de cubetas blancas, como las que contienen varios galones de pintura, en un ambiente y temperatura controlada. Pero todo lo que pueden verse son diminutos puntos negros en el fondo de cada contenedor. Dentro de dos años, un 3 por ciento de estas minúsculas ‘semillas de sandía’ terminarán en el platillo de algún comensal corporativo del restaurante Biko en la Ciudad de México, o quizá en la alacena de la esposa de algún abogado prominente de Hong Kong.

   La temperatura óptima del agua para la reproducción oscila entre 13 y 18 grados Centígrados, pero las condiciones pueden variar según la región geográfica y especie. La tendencia del molusco es no desovar a menos de que sea el momento adecuado y eso sucede cuando se llena el saco gonadal o bien, por reproducción inducida.

   El abulón convierte el alga que ingiere en concha, tripa y músculos. Con el tiempo, el saco gonadal del animal se empieza a llenar de huevecillos, que le sirve como reserva alimenticia, y nosotros sabemos cómo controlar este proceso, explica Altamira. 

 

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Editor-in-chief

Ciudad Juárez (1982). Periodista fronterizo y propulsor del periodismo de empatía social. Ha escrito sobre ciencia, ecología, food & wine y personajes fuera de serie para periódicos y revistas como Día Siete, COSMOS, Expansión, El Diario de Juárez, Frontera y otros. Su trabajo en el periodismo ambiental y científico le ha valido el Premio Nacional de Periodismo Científico de Conacyt en 2010 y ser considerado uno de los 5 finalistas mundiales del IUCN-Reuters Awards for Excellence in Environmental Journalism, ganador de la región Latinoamérica y el Caribe. Fundador y director de la revista Todos Santos desde 2012.

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